01 marzo, 2013

España, perdiste

Género: Humor
Publicado en: 2007
Sinopsis: Después de la crisis económica del año 2000, una nueva camada de argentinos desembarca en España. Son muchos, están muertos de hambre, son profesionales de clase media y tienen un afán secreto: corroer la cultura ibérica hasta desestabilizarla.
Sus objetivos a corto plazo son contaminar la gastronomía peninsular, seducir a la mujer española, ocupar puestos directivos, posicionar a sus artistas, imponer sobremesas filosóficas, masificar el consumo de dulce de leche, obligar a los forofos del fútbol a entonar canciones con argumento, educar al carnicero en el corte paralelo al nervio, dar protagonismo a sus actores en las teleseries y, sobre todo, minar las guarderías españolas introduciendo niños con apellidos acabados en la letra i.
España, perdiste es la verdadera historia de la mayor plaga que está asolando la península, los argentinos.

Opinión:
Hace un día que terminé de leer «España perdiste» y aun no tengo muy claro de qué va el libro, y mucho menos, a quién va dirigido.

Si hacemos caso de las reseñas “oficiales” que se pueden encontrar en la red, estamos ante «Una mirada incisiva, nostálgica y desopilante de la convivencia que argentinos y españoles desarrollan en la península».

El comienzo del libro es bastante bueno ya que se trata de un análisis, en tono humorístico, sobre cómo los argentinos se están haciendo con el control de España sin que los españoles nos demos cuenta. Hernán Cascari nos revela que se trata de un plan urdido hace años, cual versión actualizada de “Los protocolos de los sabios de Sión”, y en el que personajes como Andrés Calamaro, Daniela Cardone y King África han jugado papeles decisivos.

Pero no todo ha sido un camino de rosas ya que Cascari reconoce que hubo un momento en el que estuvieron a punto de tirar la toalla, como cuando se reunieron todos los argentinos de España para hacer frente a un grave problema de Salud Pública, la ausencia de dulce de leche en la dieta española. En esa reunión clandestina se decidió resistir un poco más de tiempo antes de claudicar definitivamente. Poco tiempo después «La Lechera» sacó al mercado su dulce de leche. En ese preciso momento los argentinos lo supieron, aunque quedaban muchas batallas que luchar y que probablemente perderían alguna que otra, la guerra estaba ganada.

Lamentablemente la mayoría de los relatos-monólogos-reflexiones restantes no alcanzan el nivel del primero, y eso que el primero no es ninguna obra maestra (como ya he mencionado antes, simplemente es “bastante bueno”).

Además la temática se vuelve dispersa, alternando los capítulos dedicados a contar los problemas de adaptación de los argentinos a vivir fuera de argentina con fragmentos en los que vuelve a incidir en su plan de conquista, y sobreabundando los capítulos dedicados a regodearse en su propia sensación de nostalgia.

Salvo contadas excepciones, es un libro que me ha dejado más bien apático. Quizá si fuese argentino en vez de español lo hubiese disfrutado más ya que claramente es un libro escrito por un argentino y pensado para argentinos, al que se le han añadido algunos capítulos pensados para gustar al público español y así ganar lectores aquí.

Cuanto más avanzaba en el libro más me daba cuenta de que, en el fondo, no es más que una nueva versión de "Vente a Alemania, Pepe" pero con acento porteño.

Si he de ser sincero, es un libro que me ha decepcionado, aunque en parte puede que se deba a lo bien que me habían hablado del autor. Probablemente vuelva a probar suerte con otro libro suyo, «El pibe que arruinaba las fotos», pero eso será muy probablemente dentro de bastante tiempo.

Valoración: Me esperaba más. Dos estrellas.

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